La música generada con inteligencia artificial ha dejado de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en un auténtico dolor de cabeza legal para las grandes discográficas. Sony Music confirmó al Financial Times que, hasta finales de septiembre, ha solicitado a distintas plataformas digitales la retirada de más de 260.000 pistas generadas con IA que suplantaban a artistas de su catálogo. La cifra no es un pico aislado: a finales de marzo de este año la discográfica ya había superado las 135.000 solicitudes, y un año antes apenas rondaba las 75.000. El crecimiento es exponencial y refleja lo rápido que se está expandiendo este problema.
Es importante entender qué tipo de contenido está persiguiendo Sony. No se trata simplemente de canciones creadas con herramientas de IA, sino específicamente de deepfakes musicales: grabaciones sintéticas diseñadas para hacerse pasar por interpretaciones reales de artistas que nunca participaron en ellas ni dieron su consentimiento. Entre los nombres afectados por estas imitaciones no autorizadas figuran Harry Styles, Adele, Britney Spears, Queen y Michael Jackson, auténticos pesos pesados de la industria cuya voz es ahora replicable con un grado de realismo que hace unos años parecía ciencia ficción.
El problema, según la propia Sony, no termina cuando una plataforma elimina una pista denunciada: muchos de estos contenidos vuelven a subirse poco después con pequeñas variaciones, obligando a repetir todo el proceso de denuncia una y otra vez. Por eso la discográfica reclama a los servicios digitales que no se limiten a reaccionar ante cada aviso individual, sino que implementen sistemas capaces de bloquear de forma proactiva la reaparición del mismo material ya identificado como fraudulento.
Sony no está librando una cruzada contra toda la IA generativa en la música. De hecho, la compañía ha dejado claro que su objetivo es regular el uso de sus contenidos, no prohibir la tecnología: desde 2024 prohíbe expresamente que su catálogo se use para entrenar modelos de IA sin autorización explícita, mientras simultáneamente explora acuerdos con empresas como KLAY para desarrollar modelos basados en música debidamente licenciada. En julio de este año, junto a otros grandes sellos, propuso además que las grabaciones hechas con asistencia de IA solo puedan optar a las listas oficiales si usan herramientas autorizadas, son sustancialmente obra humana y no generan riesgo de manipulación o engaño.
La escala del fenómeno queda clara al mirar otras plataformas: Deezer reveló en julio que llegó a recibir una media diaria de casi 90.000 pistas completamente generadas con IA, superando el 50% de las subidas totales en algunos días. En paralelo, Sony respalda en Estados Unidos la NO FAKES Act, una propuesta de ley federal que busca proteger a cualquier persona frente a réplicas digitales no autorizadas de su voz o imagen, y que ya superó por unanimidad el Comité Judicial del Senado el pasado 18 de junio, aunque todavía está lejos de convertirse en ley. Para los fans de la música y la cultura geek, el caso ilustra perfectamente el dilema central de esta era: la IA generativa ya es capaz de imitar a la perfección a nuestros ídolos, y la legislación apenas empieza a ponerse al día.

