AMD acaba de presentar resultados financieros que resumen a la perfección el momento que vive la industria tecnológica: por un lado, un trimestre histórico impulsado por la fiebre de la inteligencia artificial; por otro, un desplome dramático en su división de videojuegos que debería preocupar a cualquier jugador atento al futuro de las tarjetas gráficas y las consolas. La compañía reportó unos ingresos totales de 13.400 millones de dólares, una cifra récord en su historia, pero detrás de ese titular se esconde una realidad mucho más desigual entre sus distintas líneas de negocio.
El motor de este crecimiento ha sido, sin sorpresas, el negocio de centros de datos, que prácticamente duplicó sus ingresos respecto al año anterior gracias a la demanda masiva de sus aceleradoras de IA, como la familia Instinct MI300, que compiten directamente con las H100 y H200 de Nvidia en los grandes centros de cómputo de empresas como Microsoft, Meta y Amazon. Esta división se ha convertido en la nueva joya de la corona de AMD, superando por mucho a lo que hace apenas un par de años era su segmento estrella: el gaming.
Y es precisamente ahí donde están las malas noticias para la comunidad friki. La división gaming de AMD, que incluye tanto las tarjetas gráficas Radeon como los chips semipersonalizados que alimentan consolas como PlayStation 5 y Xbox Series, sufrió una caída del 40% en sus ingresos durante el trimestre. Varios factores explican este desplome: el ciclo de vida de la generación actual de consolas está entrando en su fase madura, con una demanda de silicio cada vez menor a medida que se acerca el recambio generacional, mientras que en el terreno de las GPU para PC, Nvidia sigue dominando con una cuota de mercado aplastante gracias a su ecosistema de IA integrado (DLSS, ray tracing avanzado) que AMD todavía no logra igualar del todo con su alternativa FSR.
Para los gamers y entusiastas del hardware, este dato tiene implicaciones concretas. Una AMD cada vez más volcada en centros de datos podría destinar menos recursos de ingeniería e inversión a su próxima generación de tarjetas Radeon, en un momento en que la competencia por GPUs asequibles y potentes es más necesaria que nunca ante la escalada de precios provocada, precisamente, por la escasez de memoria y la demanda de chips de IA que está afectando a toda la industria. Además, si los fabricantes de consolas empiezan a notar menos prioridad por parte de AMD, eso podría afectar a los plazos y especificaciones de los futuros diseños de PlayStation y Xbox de nueva generación.
De cara a los próximos trimestres, todo apunta a que AMD seguirá apostando fuerte por la inteligencia artificial como su principal fuente de crecimiento, en línea con lo que están haciendo rivales como Nvidia y Qualcomm. Sin embargo, la compañía ha insistido en que sigue comprometida con el mercado gaming y que prepara nuevas arquitecturas RDNA para recuperar terreno frente a Nvidia. La pregunta que queda en el aire es si ese compromiso se traducirá en lanzamientos competitivos a corto plazo, o si el gaming seguirá quedando en un segundo plano mientras los centros de datos de IA acaparan toda la atención (y el silicio disponible) de la industria.

