La escasez global de memoria que lleva meses sacudiendo a la industria tecnológica ha encontrado una nueva víctima inesperada: los cartuchos físicos de Nintendo Switch. Según reportes recientes, la fuerte demanda de chips de memoria flash para entrenar e impulsar modelos de inteligencia artificial en centros de datos ha disparado los precios de la memoria NAND y DRAM a niveles que no se veían en años, y esa presión está empezando a filtrarse hasta componentes tan cotidianos como las tarjetas de juego que todo fan de Nintendo guarda en su estantería.
Los cartuchos de Switch no son simples trozos de plástico: en su interior llevan chips de memoria flash donde se almacena el juego completo, de forma similar a una tarjeta microSD de alta velocidad pero con un empaquetado propietario. Fabricantes como Macronix, principal proveedor de este tipo de memoria para Nintendo, han visto cómo los precios mayoristas de NAND se disparan debido a que gigantes como Samsung, SK Hynix y Micron están redirigiendo capacidad de producción hacia la fabricación de memoria para servidores de IA, mucho más rentable para ellos que la memoria de consumo. El resultado es un efecto dominó: menos oferta disponible para componentes ‘baratos’ como los cartuchos de videojuegos, y precios al alza en toda la cadena.
Para la comunidad geek esto no es un dato menor. Nintendo ya atraviesa un momento delicado de transición con Switch 2 en el mercado y una base de usuarios que sigue siendo fuertemente leal a los formatos físicos, en parte por el valor de colección y en parte por el rechazo histórico de muchos jugadores japoneses y occidentales a las descargas digitales exclusivas. Si el coste de fabricar cada cartucho sube de forma sostenida, Nintendo y las third parties que publican en su plataforma tendrán que decidir entre absorber el golpe en sus márgenes, subir el precio de venta al público o, en el peor escenario, reducir aún más el tamaño de las tiradas físicas en favor de las famosas ‘cajas de cartón con código de descarga’, una práctica ya denostada por los coleccionistas.
El problema de fondo conecta directamente con otra polémica que ha sacudido estas semanas al mundo tecnológico: la escasez de RAM que ha obligado a fabricantes de PC, smartphones y ahora consolas a replantear sus cadenas de suministro ante el apetito insaciable de la IA generativa por silicio de memoria. No es casualidad que analistas del sector lleven meses advirtiendo que 2026 podría recordarse como el año en que la inteligencia artificial empezó a ‘robarle’ componentes básicos a la industria del videojuego, encareciendo desde tarjetas gráficas hasta, ahora, cartuchos.
De cara al futuro, todo apunta a que la situación no se resolverá a corto plazo. Los grandes fabricantes de memoria siguen ampliando capacidad para centros de datos antes que para electrónica de consumo, y se espera que la tensión de precios continúe al menos hasta bien entrado 2027. Para los fans de Nintendo, esto podría traducirse en ediciones físicas más caras, ediciones limitadas más escasas o un empujón silencioso hacia el formato digital, justo cuando la nostalgia por tener los juegos ‘en físico’ vuelve a estar de moda entre coleccionistas y retrogamers.

