SpaceX ha logrado algo que llevaba años persiguiendo: que su cohete Starship, el vehículo más grande y potente jamás construido, alcance la órbita terrestre en un vuelo de prueba. La noticia, confirmada este 28 de septiembre, marca un punto de inflexión en el programa espacial de Elon Musk, que lleva desde 2023 encadenando pruebas con resultados dispares, desde explosiones espectaculares en pleno vuelo hasta aterrizajes fallidos de la primera etapa Super Heavy.
Starship no es un cohete cualquiera: mide unos 120 metros de altura combinando la nave superior con el propulsor Super Heavy, y está diseñado para ser completamente reutilizable, algo que ningún otro vehículo orbital ha conseguido a esta escala. Su objetivo final no es solo poner satélites en órbita baja, sino servir como pieza clave del programa Artemis de la NASA para llevar astronautas a la Luna, y como el vehículo con el que Musk sueña desde hace más de una década para enviar humanos a Marte.
Según la información disponible, el vuelo no estuvo exento de sobresaltos (‘not without some drama along the way’, como señalaba el reporte original), lo cual es habitual en el desarrollo iterativo que caracteriza a SpaceX: la compañía prefiere probar, fallar rápido, aprender y volver a intentarlo, en contraste con el enfoque más conservador de agencias espaciales tradicionales. Esa filosofía ya dio sus frutos con el Falcon 9, hoy el cohete más reutilizado y fiable del mundo, y ahora empieza a rendir frutos también con Starship tras numerosos test flights (IFT) que fueron desde IFT-1 hasta las versiones más recientes con mejoras estructurales, nuevos motores Raptor y sistemas de reentrada perfeccionados.
Para la comunidad friky y geek, este logro tiene un peso simbólico enorme. Starship es protagonista habitual de documentales, streams en vivo que reúnen a millones de espectadores, memes, teorías de ingeniería aeroespacial discutidas en foros como si fueran partidos de fútbol, y por supuesto, referencia obligada en cualquier conversación sobre ciencia ficción hecha realidad. Cada lanzamiento se sigue con la misma pasión con la que se sigue el estreno de una película de ciencia ficción, y no es casualidad: el propio diseño de Starship, con su fuselaje de acero inoxidable brillante, recuerda directamente a los cohetes de las portadas de revistas pulp de los años 50.
El siguiente paso lógico tras alcanzar la órbita será demostrar la reutilización completa de ambas etapas, incluyendo la recuperación y relanzamiento rápido de la nave superior, algo que SpaceX ya ha ensayado parcialmente con el sistema de brazos ‘Mechazilla’ en la torre de lanzamiento de Starbase, Texas. Si la compañía logra estabilizar el proceso, los costes de acceso al espacio podrían desplomarse drásticamente, abriendo la puerta a misiones lunares más frecuentes, constelaciones de satélites masivas y, a largo plazo, los primeros pasos serios hacia una presencia humana sostenida en Marte. La carrera espacial del siglo XXI, la de las empresas privadas frente a los programas estatales, acaba de dar un salto que muchos consideraban todavía lejano.
Fuente: https://techcrunch.com/2026/09/28/spacexs-starship-rocket-reaches-orbit-for-the-first-time/

