Astrónomos de Harvard detectan por primera vez una señal de radio propia de un exoplaneta: así es el hallazgo en Beta Pictoris b

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Por primera vez en la historia de la astronomía, un equipo de científicos ha logrado detectar ondas de radio procedentes directamente de un planeta situado fuera de nuestro Sistema Solar, diferenciándolas con claridad de la emisión de su estrella. El hallazgo, protagonizado por investigadores vinculados a Harvard, se ha realizado sobre Beta Pictoris b, un gigante gaseoso situado a 63 años luz de la Tierra, y abre una vía completamente nueva para la búsqueda de atmósferas planetarias —y, a muy largo plazo, de vida— más allá de nuestro vecindario cósmico.

Antes de que cunda la emoción: esto no tiene nada que ver con señales de civilizaciones alienígenas. Lo que se ha detectado es una emisión de radio constante, acompañada de ráfagas breves en frecuencias de entre 0,85 y 3,5 GHz, captada gracias al radiotelescopio MeerKAT, ubicado en Sudáfrica, durante cuatro sesiones de observación realizadas entre 2025 y 2026. Según los autores del estudio, el fenómeno responde a un mecanismo físico llamado inestabilidad máser de ciclotrón de electrones, el mismo proceso que genera las auroras en la Tierra y en gigantes gaseosos del Sistema Solar como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. En otras palabras: Beta Pictoris b tendría su propia ‘aurora extrasolar’, impulsada por un campo magnético propio.

Beta Pictoris b fue descubierto en 2008 y se eligió para este estudio por dos razones clave: su órbita, que tarda 24 años en completarse, lo mantiene lo suficientemente alejado de su estrella como para poder aislar la señal, y la estrella en cuestión es magnéticamente muy tranquila, lo que evita interferencias en las mediciones. Para ubicar con precisión el origen de las ondas, los investigadores utilizaron cuásares —núcleos galácticos extremadamente lejanos y brillantes, alimentados por agujeros negros supermasivos— como puntos de referencia fijos en el cielo, una especie de ‘chinchetas cósmicas’ que permiten triangular con exactitud de dónde proviene cada señal. Esta técnica es precisamente la que ha permitido resolver el problema que arruinó intentos anteriores: confundir la emisión del planeta con la de su propia estrella.

¿Por qué importa esto para la búsqueda de vida? Porque los campos magnéticos planetarios cumplen una función protectora fundamental: blindan las atmósferas frente a la erosión causada por el viento estelar. Detectar ondas de radio asociadas a un campo magnético no garantiza que un planeta tenga atmósfera, pero sí indica que, si la tiene, cuenta con un escudo natural para conservarla. Beta Pictoris b en sí mismo no es candidato a albergar vida —es un gigante gaseoso sin superficie sólida—, pero el método empleado podría aplicarse en el futuro a otros exoplanetas más pequeños y rocosos, los verdaderos objetivos en la caza de mundos habitables.

Eso sí, conviene mantener la cautela: el estudio todavía no ha pasado por revisión por pares, el proceso mediante el cual otros científicos independientes verifican que la metodología y las conclusiones son sólidas. Además, los propios investigadores reconocen que falta confirmar que la señal pulsa siguiendo el período de rotación del planeta, de unas 8 horas, lo que terminaría de certificar que efectivamente proviene de Beta Pictoris b y no de otra fuente. Según la astrofísica de Oxford Suzanne Aigrain, que no participó en el estudio, ni este ni otros radiotelescopios actuales están todavía preparados para detectar señales similares en planetas más pequeños y lejanos, así que el camino hacia encontrar atmósferas —y posible vida— por esta vía apenas comienza.

Fuente: https://www.xataka.com/espacio/primera-vez-hemos-detectado-ondas-radio-procedentes-exoplaneta-que-implica-eso-busqueda-vida