Japón ha dado hoy un paso histórico en la exploración espacial con el lanzamiento de la misión MMX (Martian Moons eXploration), un proyecto de la agencia espacial JAXA que podría convertirse en la primera misión de la historia en traer muestras de una de las lunas de Marte, Fobos, de vuelta a nuestro planeta. El despegue se realizó desde el Centro Espacial de Tanegashima a bordo de un cohete H3, iniciando un viaje de 10 meses hasta las inmediaciones del planeta rojo.
Aunque sondas como la Mariner 9, las Viking o el Mars Reconnaissance Orbiter ya han estudiado de pasada Fobos y Deimos, y la misión rusa Phobos-Grunt lo intentó específicamente sin éxito, ninguna nave ha logrado hasta ahora recolectar material de estas lunas y traerlo a la Tierra. Si todo sale según lo planeado, MMX hará historia de forma similar a como las misiones chinas Chang’e lo hicieron con muestras lunares, demostrando una vez más que el análisis en laboratorios terrestres, con equipamiento muchísimo más avanzado que el que puede llevar cualquier rover, sigue siendo insustituible para la ciencia planetaria.
El plan de vuelo es ambicioso: tras llegar al sistema marciano, la sonda pasará tres años investigando Fobos, donde desplegará un pequeño rover llamado IDEFIX y realizará dos intentos de aterrizaje para recolectar muestras de su superficie. Completada esta fase, MMX pondrá rumbo a Deimos para realizar varios sobrevuelos hasta noviembre de 2030, momento en que iniciará el regreso a casa. Si la cápsula con las muestras de Fobos aterriza con éxito en Australia, como está previsto, esto ocurriría en 2031, cerrando un periplo de más de una década.
Uno de los aspectos más interesantes de MMX es su naturaleza profundamente colaborativa, algo poco habitual en una industria que muchas veces se plantea como una carrera entre potencias. Mitsubishi Electric construyó los módulos principales de la nave, pero el rover IDEFIX es obra conjunta de la agencia espacial francesa CNES y la alemana DLR, equipado con cámaras, un Espectrómetro Raman (RAX) y los instrumentos miniRAD para analizar composición y temperatura superficial. Además, la NASA y la ESA aportan soporte de comunicaciones mediante sus redes Deep Space y Estrack, mientras que la NASA desarrolló también MEGANE, un instrumento orbital para medir la composición elemental de Fobos desde el espacio.
¿Por qué debería importarnos a los frikis del espacio? Porque el origen de Fobos y Deimos sigue siendo un auténtico misterio científico con dos hipótesis enfrentadas: que sean asteroides capturados por la gravedad marciana, o que surgieran de una colisión masiva sobre Marte, de forma parecida a como se formó nuestra propia Luna. Ninguna de las dos teorías encaja del todo con las observaciones actuales, lo que ha llevado a plantear un posible origen mixto. Analizar directamente el material de Fobos, buscando rastros de hidrógeno, cloro, sodio, potasio o similitudes isotópicas con rocas marcianas, podría finalmente resolver este enigma y, de paso, ofrecer pistas cruciales sobre la formación del propio Sistema Solar. Habrá que esperar una década para conocer la respuesta definitiva, pero el primer gran paso ya se ha dado hoy.

