Kevin Bates no es un nombre cualquiera dentro de la comunidad maker y de hardware indie. Es el creador del Arduboy, esa consola portátil del tamaño de una tarjeta de crédito capaz de ejecutar cientos de juegos retro, y también responsable de una versión flexible de Tetris que se puede envolver alrededor de una revista. Su última creación, sin embargo, se aleja radicalmente de los videojuegos en miniatura: se trata de Digital Candle, una vela digital de 25 centímetros de altura que utiliza un modelo de inteligencia artificial personalizado para simular con precisión el parpadeo de una llama real sobre una matriz de LEDs.
El dispositivo, disponible ya en acabados blanco y negro, tiene un precio de 149 dólares, una cifra que de entrada puede sonar desorbitada para algo que, en esencia, cumple la misma función estética que una vela de cera de toda la vida. Pero el enfoque de Bates es puramente de ingeniero friky: en lugar de programar patrones de parpadeo aleatorios o predefinidos, como hacen la inmensa mayoría de velas LED del mercado, entrenó un modelo de IA específicamente para reproducir el comportamiento físico real de una llama, con sus micro-variaciones de intensidad, su respuesta a corrientes de aire imaginarias y esa sensación orgánica que resulta casi imposible de imitar con algoritmos convencionales.
El contraste con el resto del catálogo de Bates es parte de lo que hace interesante esta noticia para la audiencia geek. El Arduboy se vende por 79 dólares y ofrece acceso a cientos de juegos en un formato ultraportátil, una propuesta de valor evidente para cualquier aficionado al retrogaming. Una vela digital que cuesta casi el doble y que, según reconoce el propio creador, no llega a replicar del todo la ambientación de una llama real, es un producto mucho más difícil de justificar en términos puramente prácticos. Y sin embargo, es precisamente ese tipo de proyectos, nacidos de la obsesión técnica más que de un estudio de mercado, los que suelen generar más cariño dentro de la comunidad maker y de hardware boutique.
La seguridad es otro argumento de peso detrás del proyecto: a diferencia de una vela de verdad, Digital Candle no representa riesgo de incendio, lo que la convierte en una alternativa interesante para espacios donde el fuego real está descartado, desde habitaciones infantiles hasta oficinas o escenografías de eventos. Aun así, el verdadero atractivo del dispositivo no está en resolver un problema cotidiano, sino en la artesanía técnica que hay detrás: un modelo de IA entrenado específicamente para una tarea tan hiperespecífica y aparentemente trivial como imitar el baile de una llama es, en el fondo, el tipo de proyecto absurdamente ambicioso que solo podía salir de la mente de alguien que ya demostró con el Arduboy que el tamaño y la utilidad convencional no son los únicos criterios válidos a la hora de diseñar hardware. Para los seguidores de la escena maker, Digital Candle es otro recordatorio de que la frontera entre el gadget inútil y la pieza de ingeniería fascinante puede ser más delgada de lo que parece.
Fuente: https://www.theverge.com/tech/1022113/kevin-bates-arduboy-digital-candle-ai-simulate-flame

